Y en su centro, crecía un latido oscuro que atormentaba su eterno crecimiento de paz, un dolor hecho sombra. ÉL, Padre y Madre, sentía crecer una intensidad en sus entrañas confundiendo su luz: la total oscuridad.
Y el tiempo sin tiempo pasó por ÉL, tratando de resistir el nudo que crecía en su vientre, queriendo evitar lo inevitable.